La Isla Desierta

“En el teatro la imaginación llena el espacio, a diferencia de la pantalla de cine que representa el todo y exige que todo lo que aparece en imagen esté relacionado de una manera lógica y coherente. El vacío en el teatro permite que la imaginación llene los huecos. Paradójicamente, cuanto menos se le da a la imaginación, más feliz se siente, porque es un músculo que disfruta jugando.” Peter Brook

De a grupos de ocho personas nos ingresan en una sala totalmente a oscuras, donde no asoma ni un ápice de luz. Sosteniéndonos de los hombros del de adelante nos adentramos en la sofocante oscuridad, en la cual abrir o cerrar los ojos es exactamente lo mismo. Y de a poco, mientras voy encontrando la relajación necesaria para soportar la ceguera temporal, empiezo a sentir cómo el resto de mis sentidos se despiertan. Escucho cada palabra que sale de la boca de los demás que siguen entrando en la sala, mi piel se estremece con cada roce del aire. Y cuando estamos listos, con los sentidos predispuestos, empieza esta singular experiencia: la puesta en escena de La isla desierta de la compañía de teatro ciego Grupo Ojcuro, basada en el texto original de Roberto Arlt (Buenos Aires, 1937).

Técnica y argumento se encuentran para contar una historia acerca de la búsqueda desesperada de libertad; del sueño de salirse de las cuatro paredes de la oficina y viajar a otros lados donde no existan los números, las cuentas, los trámites ni la rutina. Un conflicto tan universal como atemporal. Y tal como los oficinistas se dejan llevar por los aventureros relatos de Cipriano, los espectadores nos embarcamos en un viaje hacia la imaginación para salir de la oscuridad en la que estamos inmersos. Técnica y argumento nos cuentan lo mismo, una sostiene al otro y viceversa, y de ahí la excelente elección de representar esta obra de esta manera.

Se trata de la sinécdoque por excelencia, la parte por el todo por la cual un fragmento se vuelve portador de la totalidad de la cosa (Mauricio Kartum, 1995). Basta con el sonido de una tecla de máquina de escribir para construir toda una oficina; con el aroma de especias orientales para situarte en Pekín; o con el viento pegando en la cara para temer por la tormenta que se acerca.

El aparente vacío visual de esta puesta es el que en realidad opera para darle el mayor sentido que podemos encontrar: el poner en funcionamiento la imaginación como forma de escape a todo lo que cotidianamente nos agobia y vislumbrar la posibilidad de construir realidades que no nos están dadas.

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La Isla Desierta

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La podés ver viernes y sábados en Ciudad Cultural Konex
Sitio web de Teatro Ciego Argentino www.teatrociegoargentino.com

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